¿Se hace literatura fantástica en Ecuador? Buscando el rastro...






Artículo publicado originalmente en el blog de la autor: Miselle Macías.



La fantasía -en el ámbito literario- es una “ficción, cuento, novela o pensamiento elevado e ingenioso”, según la Real Academia de la Lengua Española (RAE). En esta categoría se incluyen obras como ‘1984’ (George Orwell), ‘Viaje al centro de la Tierra’ (Julio Verne), ‘El alquimista y otros relatos’ (H. P. Lovecraft), entre varios títulos.

En Ecuador este tipo de literatura existe a través de escritores como Carlos Béjar Portilla, César Dávila Andrade, Pablo Palacio, Abdón Ubidia y José Daniel Santibáñez.






Y quienes están vinculados a esta área, ya sea como lectores asiduos o como escritores, hablan de la escena actual en Ecuador. Según el quiteño Cristian Londoño Proaño, autor de los textos de ficción ‘Los improductivos’ y ‘El Instinto de la Luz’, el género de la fantasía no es común en Ecuador.



“Este hecho se produce porque las editoriales locales apuestan poco por publicar cuentos, relatos o novelas de fantasía. Por otro lado, hay pocos autores que se dediquen en exclusiva a cultivar el género. Para que este despegue es necesario que se produzcan de forma regular y estable obras y que su calidad esté en el mismo nivel de los textos anglosajones”, indicó.
Asimismo, Londoño señaló que lo más importante es que esas historias atrapen o marquen al lector. Él decidió escribir en este género por la capacidad de transportar al lector a escenarios extraños y de construir mundos alternos con personajes arquetípicos (seres que cumplen un patrón o ideal); por el acto creativo y colaborativo del escritor y del lector de imaginar una ‘realidad’, y por la capacidad de fabulación que tienen esas historias.

Una opinión diferente tiene el guayaquileño Carlos Mendoza, quien acaba
de publicar la segunda parte de su saga de fantasía ‘Angeluz’.





Su obra se basa en situaciones de su propia vida llevadas a un mundo donde sus personajes se enfrentan por la supremacía del poder físico y metafísico.
Según Mendoza la mayoría de los escritores de este género en el país se limitan a publicar sus textos en blogs, los comparten dentro de su círculo de amistades o se dedican al ‘fanfiction’, es decir, relatos de ficción escritos por fans de una obra literaria o dramática.
Fernando Chavarría, lector asiduo de estos textos y estudiante de Psicología clínica de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, no considera que se produzcan estas obras en Ecuador.


“El repetir hasta el cansancio que somos un país de literatura conservadora y realista es desconocimiento y mentira. Desde nuestros inicios, en el siglo 19, hubo mucha influencia de Julio Verne, por ejemplo, y ahora que las fronteras han caído por
internet, hay muchos más autores”, expresó Rodríguez.
Una de las obras que ella destacó dentro de la literatura fantástica ecuatoriana en la actualidad es la colección de cuentos ‘Utópica penumbra’, antologada por José Daniel Santibáñez.
Los escritores consultados en mi perfil de Facebook, además de los entrevistados y en investigaciones en Internet, coincidieron en señalar a J.R.R. Tolkien, J.K. Rowling y George R.R. Martin y a los nacionales Abdón Ubidia y Pablo Palacio como sus referentes.

Cuando la fantasía se dividió
Por un lado están las tramas anglosajonas que se basan en otros mundos, donde cohabita la magia con los seres humanos; y por otro una corriente latinoamericana que se nutrió de la literatura europea y estadounidense y, posteriormente, de los hechos políticos, sociales y culturales que se dieron en este continente.
A esta pertenecen Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Eduardo Wilde, Juana Manuela Gorriti, Juan Montalvo, Eduardo Blanco, entre otros. Luego aparecieron Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez.
Pero es después de la década de los 40 que se encuentran verdaderos referentes: Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández y Adolfo Bioy Casares.
A diferencia de la escuela anglosajona, el género fantástico latinoamericano no es una corriente definida, se mezcla con la
literatura en general.
“Hay dos líneas identificables. La blanca, la maravillosa de la que se alimentaron los europeos con sus historias de héroes épicos y magia, como Neil Gaiman; y otra, la oscura, más macabra y perversa, tipo Edgar Allan Poe, de los anglosajones. Creo que por desplazamiento esa es la que hemos trabajado más”, sostuvo Solange Rodríguez.


Referentes en inglés y español
Cuando se piensa en literatura fantástica, pueden venir a la mente títulos como ‘Harry Potter’ (J.K. Rowling), ‘El Señor de los Anillos’ (J.R.R. Tolkien), ‘Crónicas de Narnia’ (C.S. Lewis), ‘Juego de Tronos’ (George R.R. Martin), entre otros, que se dieron a conocer gracias a las adaptaciones realizadas en el cine y la televisión.
Pero existen otros referentes que también se incluirían en la corriente anglosajona como son Julio Verne, Edgar Allan Poe, Christopher Paolini, Robert E. Howard, Orson Scott Card, Ray Bardbury, Isaac Asimov, Lewis Carroll, Stephen King, Anne Rice, Richard Matheson, Michael Ende, Robert Jordan, R.A. Salvatore, entre otros autores más.
En Latinoamérica también pueden encontrarse en la actualidad a Samantha Schweblin, Mario Levrero, Laura Gallego García, Eduardo Galeano, Augusto Monterroso, César Vallejo, Mario Benedetti, Silvina Ocampo, Octavio Paz; y en Ecuador no se podría olvidar a Juan Montalvo, Iván Egüez y Luis Salvador Jaramillo.