¿Magos o viajes en el tiempo?




Hace una semana, una amiga me hizo una pregunta a quemarropa: «¿Cuál es la diferencia entre fantasía y ciencia ficción?». Me quedé mirándole, indagando en mis propios referentes. Y luego le respondí:

  «Si comparamos entre los géneros podríamos encontrar marcadas diferencias y al mismo tiempo enormes similitudes». 

«Explícame», me dijo.

«Primero vamos con las semejanzas. En las novelas, relatos, juegos y películas de ficción especulativa, el lector es trasladado a un mundo extraño. Precisamente, la fantasía y la ciencia ficción, por ser ficciones especulativas deben desarrollarse en este tipo de mundos, que muchas veces desafían las percepciones del lector.  Hay que tomar en cuenta que muchas de las novelas, películas, juegos o relatos de fantasía toman prestadas técnicas de la ciencia ficción, y de modo inverso, ocurre lo mismo. Y en segundo lugar, hay que considerar, lo que explica Orson Scott  Card, en su libro «Cómo escribir ciencia ficción y fantasía»,  que la fantasía y la ciencia ficción no nacieron como conceptos literarios. Nacieron como una necesidad de etiquetarlos editorialmente.  Por ejemplo, las novelas G.H Wells como «La Guerra de los Mundos» fueron considerados romances científicos».

«¿Y las diferencias?», me preguntó.

«En el caso de la fantasía, las novelas, los juegos, los relatos y las películas deben tener leyes propias que gobiernan los mundos extraños, leyes que van contra las leyes que conocemos en nuestra realidad. Por ejemplo, en un ese mundo extraño, los árboles podrían hablar y mantener una nutrida comunidad. En cambio, en  la ciencia ficción,  no se  alteran las leyes de la naturaleza, se las mantiene, incluso se las potencia con el uso de tecnologías avanzadas, principios científicos de vanguardia o teorías de alguna área de estudio.  Por ejemplo, en  las novelas de Julio Verne, muchos de los inventos que narró en sus historias, no alteraron las leyes de la cinemática y la dinámica. En «veinte mil lenguas de viaje submarino», el submarino cumple las leyes de la Física de Arquímedes».

«Te comprendo…», me dijo.

«Aunque la verdad, la etiqueta de si la novela es de ciencia ficción o fantasía lo debe decidir el escritor y con eso debería bastarnos. Lo real es que ambas son ficciones especulativas, ¿no cierto?».

Mi amiga sonrió y se despidió satisfecha. A unos pasos, se dio media vuelta, me enseñó un ejemplar de mi novela «Los Improductivos»  y dijo: ¿Qué tipo de ficción especulativa es?». Sonreí y le dije: «Ciencia Ficción, aunque a veces pienso que puede ser terror».