La pasión de Bradbury



Por Cristián Londoño Proaño


Uno de los rasgos más reveladores que caracterizó al escritor estadounidense Ray Bradbury fue su forma de abordar la escritura. Algo notable y muy diferente a muchos escritores.

Ray Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois. En su infancia en su pueblo natal le gustaba coleccionar historietas de Buck Rogers. De repente, un día decidió poner fin a su colección del héroe galáctico, quizás influenciado por su padre y sus maestros de escuela que le dijeron que abandonara esa actitud intrascendente. El botó su colección a la basura. Pero no fue el mismo. Pocos días después, su joven espíritu se llenó de mucha nostalgia. Añoraba su colección. No soportó más y, en una acción que cambiaría su vida, sin importarle lo que dijeran las personas, volvió con mayor determinación a coleccionar las historietas de Buck Rogers. En esa situación insignificante, el pequeño Bradbury había descubierto una actitud que más adelante le significaría descubrir su verdadera vocación. El pequeño Bradbury se dijo que en su vida sólo haría las cosas que le apasionaran y lo llenaran de alegría. 


Unos años después, empezó a borronear sus primeros relatos y notó que cada vez que presionaba las teclas de su máquina de escribir le causaba placer y lo disfrutaba, que le gustaba imaginar nuevos mundos y escribirlos. La escritura le apasionaba y le volvía inmensamente feliz. Esta inmensa pasión hizo que sus manos no se despegaran de la máquina de escribir y produjo obras maestras de la ciencia ficción como Farenheit 451 o Crónicas Marcianas. En las propias palabras del autor norteamericano: «en mis viajes he aprendido que si dejo de escribir un solo día me pongo inquieto. Dos días y empiezo a temblar. Tres y hay sospechas de locura. Cuatro y bien podría ser un cerdo varado en un lodazal. Una hora de escritura es un tónico».



Bradbury solía contar que escribía para poner todo de sí, para disfrutar y gozar de su trabajo creativo. Gran diferencia con otros intelectuales que consideran que la escritura es una tarea cruel. En palabras de Bradbury: «Se supone que escribir es algo difícil, agónico, un espantoso ejercicio, una terrible ocupación». Para Bradbury, la escritura es un trabajo creativo que contiene mucha diversión. Y esto lo expuso en una artículo titulado «Day After Tomorrow», en The Nation, donde expuso su manera de abordar la escritura. En el artículo, Bradbury dice que la escritura es un hecho del disfrute, muy a tono de las escuelas antiguas griegas. Escribir no significa una evasión de los problemas cotidianos y de la realidad. Esta forma de enfrentar la escritura distinguió a Bradbury de muchos escritores e intelectuales de su época y acaso de muchos escritores contemporáneos que tienen laureles importantísimos. Una semana después de publicar su artículo, Bradbury recibió una carta de Italia de Bernard Berenson, uno de los mayores expertos de arte de su época. En dicha carta le dice respecto a su artículo: «Es la primera vez que leo en un artista de cualquier campo la declaración de que para trabajar creativamente hay que poner la carne y disfrutarlo como una diversión, como una fascinante aventura. ¡Qué diferencia con esos obreros de la industria pesada en que se han convertido los escritores profesionales!».




Como escritor, coincido plenamente en lo que Bradbury plantea sobre la escritura. El trabajo y el oficio de escribir es apasionarse por sus historias y sus mundos, porque en el principio de toda historia, los personajes y los mundos habitan en la mente de su creador, y la pasión y el disfrute es la materia prima que se transforma en energía de las historias. 


La actitud de Bradbury se siente en sus novelas y relatos. Lo transmite al lector como una alquimia literaria.



Nos vemos en una pizzería de Milán, me teletransporto en unos minutos, ¿no?



Por Cristián Londoño Proaño


Cuando tenía 8 años me quedé impactado con la escena de la teletransportación en la mítica serie de televisión «Strak Trek», creada por Gene Roddenberry, producida por la cadena norteamericana NBC y emitida por primera vez el 8 de septiembre del 1966. Yo la vi en la década de los ochenta. Recuerdo que no me perdí ningún capítulo y posfeché las tareas para más tarde. Miré cada uno de los episodios del capitán Kirk y los tripulantes de la nave «Enterprise».




En esas tardes de mi juventud imaginé sobre las posibilidades que significaría teletransportarnos. Uno podría teletransportarse entre Shanghai y Nueva York en apenas unas pocas horas. Poco a poco, como en su tiempo les tocó a los cabellos, las carrozas, los trenes a vapor, los aviones pasarían al mismo cementerio histórico de la transportación humana. ¿Por qué haría un viaje de 18 horas en avión, si podría teletransportarme en 1 hora? Después de varios años, la ciencia investiga y hace algunos avances.

El tema de la teletransportación está avanzando. El primer paso es lograr teletransportar información de un sitio a otro. La cadena de noticias RT español menciona en un artículo sobre la teletransportación de información: "Científicos del Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague junto con colegas españoles y británicos afirman haber transportado información entre dos nubes de átomos a través de un haz de luz láser a 50 centímetros de distancia.”. De confirmarse este asunto, la teletransportación de datos sería posible a corto plazo. En términos sencillos, no necesitaríamos de cables ni de fibra óptica, ni de estaciones remotas ni de satélites para pasar la información de una ciudad A a una ciudad B, sin importar la distancia.

El siguiente paso es la teletransportación humana. Según los estudios de la Universidad de Leicester sugieren que la teletransportación de humanos es una cuestión de tiempo y energía. Primero, hay que descubrir una energía capaz de soportar la carga de un aparato que pueda almacenar la información que tiene el genoma humano de 1,2 por 10 a la 10 bites, teletransportalo y luego, reconstituirlo con la misma cantidad de bites. Pero, según los estudios, el problema radica en la cantidad de datos que tiene el cerebro humano, que es de 2,6 por 10 a la 42 bites. Tomemos en cuenta que, cualquier falla en la emisión de la teletransportación, podría significar algo nefasto para el pasajero. Por eso, los científicos sugieren que debe elevarse el nivel de bites de transmisión a 4,55 por 10 a la 42 bites para evitar cualquier error. Segundo, en las actuales condiciones de la humanidad, la cantidad de tiempo que se necesitaría para teletransportarnos sería extremadamente elevada. Según los estudiante de física de la Universidad de Leicester, el tiempo que tomaría realizarlo sería 350.000 veces más que la existencia del Universo, que se calcula en 14.000 millones de años.

En definitiva, la teletransportación de los humanos está en los primeros pasos y a muchos años de volverse realidad. Pero, soñar no cuesta nada, y en el futuro podría decirle a amigo: «nos vemos en una pizzería de Milán, me teletransporto en unos minutos, ¿no?»

Identificación con los personajes atrae a los jóvenes a leer sagas literarias



(Tomado del blog de Mikaela Shamrock y la edición del telégrafo)


Hoy el articulista invitado nos trae un texto interesante. Nos cuestiona sobre sí los jóvenes  leen o no, y nos demuestra que los jóvenes leen bastante. Recomiendo la lectura del artículo y la discusión del tema.


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"Que la niñez y la juventud no leen". En eso ser resumiría la exposición del lojano Galo Guerrero Jiménez, profesor investigador en las áreas de lenguaje, literatura, ética y humanismo durante el 12º Encuentro sobre Literatura Ecuatoriana 'Alfonso Carrasco Vintimilla' que se realizó en Cuenca en octubre pasado. El expositor manifestó que los más jóvenes no leen porque no están motivados ya que no les han dado la oportunidad de practicar la lectura y que uno de los principales responsables de la falta de lectura son los padres porque no inculcarles esa práctica. Este, como otros resultados que presentó, se obtuvieron de una encuesta realizada a 48 escritores ecuatorianos repartidos en varias ciudades del país y que forma parte de un estudio mayor de 10 preguntas en torno al valor de la lectura, según mencionó. Pero en esta ocasión son los mismos jóvenes, quienes se declaran lectores y parte de uno  o más 'fandoms', los que defienden su postura de que ellos sí leen, sobre todo, sagas. El término 'fandom' es de origen inglés y proviene de la contracción de 'fanatic kingdom'  (Reino Fan) refiriéndose al conjunto de aficionados a algún pasatiempo, persona o  fenómeno en particular. Más que nada se lo asocia con los aficionados a la ciencia  ficción o a la literatura fantástica, los cuales suele crear comunidades en Internet  donde discuten temas relacionados con su afición.





"Me gusta la lectura en general, pero admito que las sagas cuentan con un atractivo, el  poder continuar con personajes que de cierto modo uno se encariña. También hay que darle crédito a la publicidad y a los productos que salen con éstas historias, siempre acompañados de su película", indicó Alejandro Puga Patiño, de 23 años, quien ha leído 'Crepúsculo', 'Divergente', 'Los Juegos del Hambre' y 'Percy Jackson'. El estudiante de Comunicación Social de la Espol señaló que las sagas "atrapan" por el hecho de encontrar personajes con edades y situaciones cercanas a sus lectores pero que siempre tienen aventuras y situaciones irreales que brindan fantasía y emoción. Una opinión similar comparte Angie González Peralta, de 19 años, y presidenta de la comunidad 'Divergente-Ecuador', un grupo en Facebook que intercambia puntos de vista sobre la saga literaria para jóvenes adultos escrita por la estadounidense Verónica Roth. Pero ellos no sólo se quedan en el mundo virtual, también se reúnen cada cierto tiempo para integrarse, tanto en Quito como Guayaquil y ciudades cercanas. "Lo que más nos engancha es como sus personajes van creciendo al ritmo de la trama, cómo el escritor hace que en una página tus nervios exploten, que quieras continuar. Para mí el protagonista y demás caracteres van de la mano con la historia que vamos leyendo", explicó González.




La alumna de Psicología Educativa de la Universidad Laica Vicente Rocafuerte mencionó que las sagas en sí son interesantes y en la actualidad los jóvenes prefieren leer algo que tiene una historia más larga que no termina en un único libro. "No es que no me gusten los libros de un sólo tomo sino que es interesante cuando sé que tengo que esperar meses para comprar otro libro que es la continuación del que ya he terminado y el interés por leerlo no desaparece", dijo. 

El poeta guayaquileño AUgusto Rodríguez coincide en que lo más atractivo para las generaciones actuales es que este tipo de literatura tocan temas llamativos o controversiales, pero sobre todo, temas amorosos porque los jóvenes están en la etapa de descubrir el amor. "Hay que resaltar que estos libros (las sagas) tienen mucha cobertura de medios, campañas de marketing; las convierten en adaptaciones cinematográficas y los jóvenes prefieren ver la película a leer el libro, aunque son historias de tramas sencillas, fáciles de digerir", dijo Rodríguez. 


Este fenómeno de jóvenes lectores de sagas no sólo se da en Ecuador, sino en otros países como España. Ese es el caso de Francesc García Carda, de Amposta, Cataluña, quien destacó entre los libros que ha leído a 'La piel fría', 'Victus', 'Tirant Lo Blanc', 'Lo Somni', 'El hobbit' y 'El Señor de los Anillos', además de 'Crepúsculo', 'Perdona si te llamo amor', '50 sombras de Grey' y 'La plaza del Diamante' gracias a su novia. "Creo que la juventud actual lee sagas por lo mismo que los jóvenes de antes leían los libros que leían. Por una trama capaz de entender y que no supere la dificultad que piden, que tenga adrenalina, donde el lector se sienta identificado con los personajes", señaló. 
El joven de 18 años -estudiante de Psicología- explicó que lo de "superar la dificultad que piden" tiene que ver con que ahora es más común este tipo de literatura gracias al cine y los videojuegos. "Son sistemas de transmision de información muy rápidos e impactantes (momentos de acción explosivos, grandes vistas, amores cortos pero pasionales). Ahora que impera esto, la  gente se acostumbra a esa velocidad y quehaceres y por tanto, cuando le dan menor  velocidad se aburre. Asi que la literatura vox populi -que serían estas sagas- intenta llegar a las mismas caracteristicas que los otros medios que mencioné", señaló.




Para respaldar la postura de estos jóvenes lectores, el escritor quiteño de ciencia ficción, Cristián Londoño Proaño, considera que la juventud sí lee actualmente, sólo que han cambiado la temática que les interesa a ellos, y el formato. Él se refiere a que ahora hay mayor acceso para los jóvenes para encontrar libros (y sagas enteras) por Internet denominados 'e-books' que pueden ser leídos en las computadoras, tablets o smartphones.  El autor de 'El instinto de la luz' también participó en el Encuentro sobre Literatura Ecuatoriana donde señaló esta alternativa que los lectores - usuarios ahora tienen. "Un profesor de literatura -conocido mío- mandó a sus alumnos de 9º y 10º, como 160 alumnos, que lean mi novela 'El Instinto de la Luz'. Debían hacer dos cosas: el clásico comentario y escribirme por mail haciéndome preguntas sobre el texto. Para esta tarea y lectura tenían un mes. No tuve que esperar mucho. Los muchachos mandaron el mail a la semana y media e hicieron brillantes comentarios y preguntas. Presentaron el deber a la semana y media, es decir, 15 días antes de la entrega final. ¿Cómo que los jóvenes no leen? ¡Mentira! Esta es mi prueba", sostuvo.