Definir a la ciencia ficción: una tarea compleja



Por Cristián Londoño Proaño


La ciencia ficción es un género muy extenso y tiene muchas aristas. Hay varios autores del género que han tratado de definirla, pero en sus definiciones han excluido a uno o otro subgénero.

La dificultad de definir el género radica, en primer lugar, que es un género que depende del propio autor. Si el escritor o el lector considera que una obra es ciencia ficción entonces lo es. Esta consideración hace que la definición se vuelva inestable y sin límites claros. Por otro lado, el problema de definir la ciencia ficción es complejo. Miquel Barceló en su libro «Ciencia Ficción - Guía de Lectura» explica que: «El problema de la definición del género deriva directamente de la inexistencia de límites precisos para la temática y los enfoques que utiliza la ciencia ficción. Sus narraciones pueden transcurrir en el presente, en el pasado o incluso en un tiempo alternativo ajeno a nuestra realidad». Es decir, la complejidad de definir el término es propia del género.

A esto hay que sumar que la ciencia ficción cambia continuamente y sus temáticas se vuelven cada vez más amplias y generalizadas. Es un género que no tiene las fronteras establecidas, donde todo es posible.

Por otro lado, muchas veces la ciencia ficción y la fantasía se mezclan. La fantasía toma técnicas de la ciencia ficción. Y la ciencia ficción toma técnicas de la fantasía, por ejemplo, Ray Bradbury lo hace en su obra «Crónicas Marcianas».


Cito algunas definiciones de escritores célebres de la ciencia ficción. Para el escritor británico Brian Aldiss, la ciencia ficción es «la búsqueda de una definición del hombre y su ubicación dentro de un universo que resulte coherente con nuestro nivel de conocimientos (ciencia), que es avanzando pero a la vez confuso». En este caso ubica a la ciencia ficción como consecuencia de la ciencia. Muchas de las obras de ciencia ficción quedarían definidas, pero habrían otras que quedarían relegadas.

Para Isaac Asimov, autor monumental del género, la ciencia ficción es «la rama de la literatura que trata de la respuesta humana a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología». Asimov define a la ciencia ficción en función de una base científica amplia. En esta definición se quedan excluidas algunas obras, por ejemplo, «Mañana será así» de Robert Sheckley.




Robert Heinlein dice que «una breve definición de casi toda la ciencia ficción sería una especulación realista en torno a unos posibles acontecimientos futuros, sólidamente basada en el conocimiento adecuado del mundo real, pasado y presente, y en concienzudo conocimiento del método científico. Para que la definición cubra toda la ciencia ficción (en lugar de «casi toda») basta tan sólo eliminar la palabra futuro». Esta definición abarca bastantes obras de ciencia ficción y quizás, sea completa.

Para la escritora norteamericana Judith Merril, la ciencia ficción «es la literatura de la imaginación disciplinada». Engloba a todas las obras del género y pone de relieve a uno de los actores principales del género: la imaginación. Pero alguien, con justo derecho, puede decir que la fantasía también lo cumple.




Por esta dificultad de definir a la ciencia ficción, yo apoyo el planteamiento de muchos críticos, estudiosos y escritores de que el género debería llamarse «ficción especulativa». Orson Scott Card dice que: «la ficción especulativa se dirige, por definición, a un público que quiere enfrentarse a lo extraño, un público que quiere pasar su tiempo en mundos que definitivamente no sean como el que les rodea». En esta definición se incluye los géneros de la ciencia ficción y la fantasía. Al final de cuentas, la ficción especulativa es el arte de imaginar el presente, el pasado o el futuro de un mundo posible en una cantidad infinita de multiversos.



Bibliografía
Ciencia Ficción - Guía de Lectura. Miquel Barceló. Ediciones B.
Cómo escribir ciencia ficción y fantasía. Orson Scott Card. Editorial Almaut


Stephen King y su lector ideal




Stephen King es actualmente el escritor norteamericano más importante del género del Terror. También tiene novelas de ciencia ficción y fantasía. Pero en el Terror es donde King alcanza niveles muy destacados.


Stephen King nace en Maine 1947. Es autor de noveles emblemáticas del género como «Carrie», «El misterio de Salem´s Lot», «Misery». Muchas de sus noveles han sido adaptadas al cine como mucho impacto. También se ha involucrado como guionista y recientemente como productor ejecutivo de una adaptación televisiva de su novela «La Cúpula». Esta superproducción televisiva es una serie desigual y con fallos en su trama que tiene dos temporadas. Por momentos, la serie cae en lo inverosímil. Algo que en muchas de las novelas de King no suele suceder.



Siempre me llamó la atención la relación que tiene Stephen King con su escritura. En numerosos entrevistas y su libro «Mientras escribo» los expone con mucha sinceridad. En las palabras del propio King: «Escribir es una labor solitaria, y conviene tener a alguien que crea en ti. Tampoco es necesario que hagan discursos. Basta, normalmente, con que crean», luego acota que la escritura es encontrar hallazgos fosilizados en el camino. Y lo aclara en una entrevista con el periódico New Yorker, donde explica que las historias son objetos hallados, como los fósiles del suelo, que le parecen «reliquias, fragmentos de un mundo preexistente que no ha salido a la luz. El trabajo del escritor es usar las herramientas de su caja para desenterrarlas lo más intactas que se pueda». Hay que tomar en cuenta dos puntos enormes. El primero, King siempre habla de la historia. Recalco, el asunto de «historia». No habla de la escritura como un acto cerebral y caótico. El maestro del Terror no habla de la escritura como un enjambre de palabras bien dichas y que no conducen a nada. Lo importante para King es entregar al lector una historia pura que la disfrute. Coincido plenamente con sus palabras, el lector tiene el suficiente derecho como para reclamar al escritor que quiere leer una historia, no quiere leer una temática. A esto debe sumarse, que el escritor debe esforzarse por gustar a varios lectores, no debe contentarse con «gustarse». Desde mi punto de vista, la escritura hecha para el disfrute del propio creador es un acto narcisista. El mismo King dice: «no se pude gustar en todo momento a todos los lectores, ni siquiera a una parte, pero por favor, esfuérzate en gustar a veces a un sector del público». Y más aún en los momentos en que vivimos, en que los gustos del público se han segmentado, y hay nichos para todos los gustos. Hay que considerar que todo lector tiene un sentido primario , que es el gusto por las historias, no por los discursos.


Otro punto interesante es que King dice que el escritor ne cesita de alguien que crea en su trabajo. En el caso de King fue su esposa Tabitha Spruce, también escritora y activista, que creyó en él. Incluso en los comienzos de su carrera como escritor y cuando, él mismo ha confesado en innumerables ocasiones, su carrera de escritor parecía que se iba al fracaso, y se sumaba problemas económicos, y los inmemorables rechazos de las editoriales y las revistas. Una época que la fe de Tabitha Srpuce logró mantener a flote a King y siguió creando sus historias. Y precisamente, a Tabby, como cariñosamente le dice el autor, la llama su lectora ideal. La lectora ideal es única y para cada escritor. Y tiene un papel fundamental, porque ella le advierte de que si la historia funciona o no, si sus personajes son creíbles o no, o de cualquier fallo que existiera en la historia. Pero el caso de King no es único. Otro artista que tuvo lo mismo fue Alfred Hitchcock. Su esposa Alma Reville fue su espectadora ideal. En el primer visionaje de su película «Psicosis», Hitchcock había invitado a varios amigos y colaboradores. Al termino de la película, todos comentaron maravillas. Muchas lisonjas por una película que la consideraban una obra maestra. Excepto, Alma que consideró que la película tenía fallas. Hitchcock le preguntó admirado sobre los errores. Y ella le contestó que cuando Janet Leigh tiene que estar muerta, tragaba saliva. Sí, la única que se había percatado del error fue Alma Reville.


Tabby, la lectora ideal de King, ha leído todas las obras de King y ha hecho sus observaciones. Lo interesante es que ha hecho que King cumpla su objetivo máximo como escritor. En sus propias palabras: «Mi máxima meta es la resonancia, algo que perdure un poco en la mente (y el corazón) del lector después de haber cerrado el libro y haberlo colocado en la estantería». 



Asimov y la creatividad





Por Cristián Londoño Proaño


Isaac Asimov es uno de los principales referentes de la ciencia ficción. Nació en 1920 en la ex- URSS, se nacionalizó norteamericano y murió en 1992. Entre sus obras más emblemáticas podemos mencionar «Yo, Robot» o «La Saga Fundación». Este escritor también ejerció la divulgación científica y la crítica literaria. Es interesante reflexionar sobre lo que pensaba de la creatividad. ¿De dónde vienen las ideas? ¿Cómo se las crea? ¿Quiénes las crean?

Según Asimov, las nuevas ideas vienen por la audacia del pensamiento. No vienen por un grupo de personas que se reúnen y generan nuevas ideas. En el Ensayo «On Creativity», publicado por MIT Technology Review, Asimov señala que: «no se desarrolla como una «nueva idea», sino como un mero «corolario de una vieja idea»». Asimov acierta. Por ejemplo, las ideas de Newton sobre la gravedad universal o la Teoría de la Relatividad de Einstein nacieron de la mente solitaria de estos científicos.




El gran referente de la ciencia ficción contemporánea menciona que las ideas creativas vienen de la sinrazón, de las ideas que parecen poco razonables, de las ideas que parecen locas, por ejemplo, hace muchísimos siglos, hablar que la Tierra era redonda o que la Tierra giraba alrededor del Sol era una idea descabellada. 


En este sentido, las personas que generan nuevas ideas deben tener un carácter especial. En palabras de Asimov: «Una persona dispuesta a ir en contra de la razón, la autoridad y el sentido común. Por lo tanto, debe ser una persona de gran confianza en sí misma». El célebre escritor lo llama: personas excéntricas. Cabe mencionar que en el caso de Asimov era una persona excéntrica. Asimov creó las Tres Leyes de la Robótica que ahora consideremos debe cumplir un robot. Incursiona nuevas palabras en el diccionario como «Robótica», y «positrónica». La primera se aplica a un tipo de tecnología y la segunda, se la designa para las particulares subatómicas de la antimateria.



Según Asimov, la persona creativa debe trabajar en solitario. Dice: «Su mente trabaja su información en todo momento, incluso cuando él no es consciente de ello». Y cuestiona el trabajo creativo colaborativo, porque señala que los grupos son afectados por la inhibición y el carácter de las personas. Primero, el creativo puede inhibir el proceso por el hecho de estar presentes otras personas. Segundo, hay personas de carácter fuerte que difícilmente podrán dejar que otros entreguen ideas, porque ellos las imponen. 



Para la generación de nuevas ideas, advierte Asimov, el creativo debe tener un clima de relajación, permisividad, jovialidad, de permanente buen humor. Y debe alejarse del sentimiento de responsabilidad. En este sentido, lo que dice Asimov es verdad. Hay muchos casos en que se paga a los creativos para que generen nuevas ideas. Y los creativos se inhiben y fracasan, porque las nuevas ideas «huyen» de sus cerebros, porque tienen anclado el sentimiento de responsabilidad. 


El creativo debe ser un sujeto libre. Debe tener un permanente sentido de ir en contra del sentido común, de la sinrazón, que se cuestione la realidad. Sólo así se podrá generar nuevas ideas y no replanteamientos de viejas ideas. 

El creativo debe permitirse volar, quitarse las inhibiciones y pensar que TODO es posible, que quizás todo el mundo piense que esta loco y que no se puede cumplir, pero él esta consciente que su idea planeta algo que, quizás, revoluciona algo más adelante. Es decir, hay que crear en futuro, y no en presente. 

Amable lector, ¿se anima a ser creativo?