La madurez de la ciencia ficción


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Un amigo vino a mi casa y me preguntó si la ciencia ficción siempre había tenido reconocimiento del mainstream literario (literatura general). En sus estudios literarios había tenido que analizar la obra «1984» de George Orwell. Le había parecido una obra de extraordinaria calidad narrativa y que expresaba el totalitarismo. Le conté que la ficción especulativa tiene reconocimiento -desde mi punto de vista, mínimo y cicatero- gracias al fruto de décadas de trabajo literario de cientos de autores. Adquirió fuerza narrativa a través de los años.

Ciencia Ficción


Cuando el género de la ficción especulativa apareció sostenidamente en las revistas, en la década de los años veinte en los Estados Unidos, era un género que se lo etiquetaba de interés para los lectores jóvenes. Los relatos que aparecían en las revistas, en su mayor parte, eran de Space Opera, es decir, tramas que se desarrollaban en el espacio. Estos relatos lograban interesar a un público reducido, pero lastimosamente muchos de los relatos no tenían buena calidad. Con el advenimiento de Campbell, los relatos tuvieron una mayor calidad en la elaboración de las historias y la extrapolación científica. Luego vinieron, los giros revolucionarios del New Wave que desarrolló historias con temas de la psicología, el sexo o la sociología. Y finalmente, en las décadas de los sesenta, los setenta y los ochentas la calidad literaria primó en muchos de los relatos de la ciencia ficción.

Antony Burguess

La ficción especulativa evolucionó y maduró de una manera significativa. Miquel Barceló en su libro Ciencia Ficción - Guía de Lectura comentó que: «el nuevo interés por lo literario y añadido a la experiencia de la ciencia ficción clásica han configurado a partir de los años 70 un género adulto y de gran calidad que, una vez superado el escándalo y el exceso de la experimentación asociado al New Wave, hay ido adquiriendo un creciente peso en el mercado literario anglosajón». Se tiene obras significativas como «1984» de George Orwell, «Un Mundo Feliz» de Aldous Huxley o «La Naranja Mecánica» de Antony Burguess, que ingresaron al mainstream literario. Autores como Úrsula K. Le Guin son ampliamente aceptados en el campo de la literatura general al margen del mundo de la ciencia ficción. Su obra «La mano izquierda de la oscuridad» tiene acogida en las universidades norteamericanas y ha sido analizada por su calidad narrativa e imaginativa.

Ciencia Ficción

Previo a esta aceptación de muchas de las obras de ficción especulativa por parte del mainstream hubo menosprecio del género. En la década de los setenta se quiso quitar a las obras como «1984» o «Un mundo Feliz» de la corriente que los parió. Harlan Ellison en su prólogo de «Visiones Peligrosa I» comentó que: «Se lamentaba de hecho que los libros como 1984, Un mundo feliz y Limbo hubieran recibido aclamaciones de la crítica pero no hubieran sido etiquetadas como ciencia-ficción. De hecho fueron automáticamente excluidas de acuerdo con la teoría simplista que «eran buenos libros; no podían ser considerados junto con esa basura de la ciencia ficción»». En Latinoamérica el caso de Borges resulta familiar. En un punto, la crítica literaria lo sacó de la ficción especulativa y lo colocó dentro del mainstream. Ciertamente, prevaleció la idea retrógrada de menospreciar a la ficción especulativa, cuando era un género que avanzaba a pasos agigantados y que entregaba respuestas a las incertidumbres contemporáneas, y se adaptaba a los tiempos.

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En nuestra época, muchas de las obras de la ficción especulativa tienen un amplio reconocimiento de la crítica especializada en el género. Incluso muchas de las técnicas literarias de la ciencia ficción han sido puestas al servicio de alguna obra de literatura general. Hay que considerar que el género es propicio para el desarrollo de los escritores. Harlan Ellison señaló que: «este campo es más fértil para el desarrollo de un escritor sin lazos ni fronteras, con horizontes que nunca parecen estar demasiado cerca». 

La ficción especulativa es reconocida, sea por capacidad de anticipación de algún detalle científico que en los tiempos contemporáneos resulta normal, o porque algunas obras han sido incluidas junto a la de los grandes nombres del mainstream.