Una historia con luz propia


El blogger invitado. Esta crítica es originalmente escrita para "Ciencia Ficción, Fantasía y otras imaginaciones". La autora es Marcela Royo Lira, es escritora y educadora chilena.





Por Marcela Royo Lira 



"El Instinto de la Luz", novela de Cristián Londoño Proaño nos lleva a la magia de un mundo que se mueve entre la realidad y la fantasía. A través del texto conocemos costumbres y creencias de los pueblos indígenas andinos en una interesante y atractiva mezcla de realismo y leyenda. El autor maneja una narrativa en que la tensión de la historia se mantiene a lo largo de ella. Nos vamos topando con varios climac que aumentan nuestra curiosidad lectora. El primero es: “Esa noche, la temida venganza acudió a mi propia casa. Eran las ocho cuando se escucharon dos golpes secos en la puerta…” “Cuando la abrí, me envolvieron los penetrantes ojos del Taita Wairi”. Otro: “Mi padre abrió la puerta. Su rostro delgado y de pómulos salidos mostraba cierta molestia…” “Arma tus maletas, Awi -ordenó”. Se necesita práctica en el oficio para ir entregando pistas e incitar, cada cierto número de líneas, a la continuación de la lectura. La narración nunca se nos torna monótona, muy por el contrario. Nos atrapa.






Está narrada en primera persona. Quien cuenta la historia es Awi, su protagonista. Un joven de diecisiete años que a punto de dejar la infancia se ve un día de sopetón enfrentado a su propia madurez. En un comienzo, como todo joven, es rebelde al destino trazado por Pachakamak, siente que este le traza un camino que él nunca pidió ni soñó. Se niega a dejar su casa, a sus padres. Un presagio le hace temer por ellos. Pero, tal como el autor le hace decir a pocos párrafos de iniciada la novela “el destino no se puede evadir, se presenta de una u otra manera” termina cumpliendo la tarea a la cual estaba destinado: ser el “viñachishka” (hijo espiritual) del Taita Wairi. O sea, el Yachac (chamán) de su pueblo y protegerlo de las criaturas del mal (los ñawis)




Estos no tardan en aparecer. “Nunca acaba la guerra contra el mal”, le advierte casi al final el Wairi. Este, como viejo Yachac, percibe que se agitan, desde hace un tiempo, las energías del pueblo. Es el maligno (Chusko) que se acerca con intenciones de apoderarse del alma de los pueblerinos. Awi, nació destinado a salvarlos.

Una historia amena, tensionada, coherente, en la que el autor nos hace avanzar a través de imágenes claras, precisas. Por medio de ellas asistimos a la lucha de Wairi y Awi contra las criaturas malignas.



La novela está escrita en un lenguaje sencillo, de fácil y rápida lectura, intercalado con palabras indígenas-andinas que aunque no se conozcan a través de la narración se entiende fácilmente su significado. Además, nos da a conocer nombres de plantas y yerbas, típicas de los parajes andinos.



El final es abierto. Otro acierto de Cristián Londoño Proaño. Invita (obliga) al lector a ser cómplice en la historia e imaginar el futuro de Awi y su lucha por el triunfo del bien. Porque el mal no se dará por vencido.

"El Instinto de la Luz"es una novela para todas las edades, pero, según mi punto de vista, ideal para adolescentes, siempre ávidos de textos de aventuras y héroes. También de historias de amor.