Las Guerra de las Galaxias o el inicio del auge de la ciencia ficción visual




En el verano de 1977, las salas de cine se llenaban de muchachos adolescentes para mirar una de las nuevas películas hollywoodenses «La Guerra de las Galaxias», de un director nuevo llamado George Lucas. La película emocionó a los asistentes y se constituyó en un fenómenos de masas. Los críticos la alabaron, porque había innovado el manejo de los efectos especiales e instauró el concepto de la película taquillera del verano. Uno de los más conocidos autores de ciencia ficción de la época, Isaac Asimov escribió que: «La película misma (La Guerra de las Galaxias: una nueva esperanza), en lo que se refiere a contenido, es muy parecida a la serie de Flash Gordon de los años 30s. Es sin embargo infinitamente superior cinematográficamente, hizo un uso muy inspirado de un par de robots y está llena de buen humor».



La proyección de la Guerra de las Galaxias, hizo que que los Estudios de Hollywood vieran una buena forma de hacer grandes negocios. Se pusieron a planificar más películas de ciencia ficción visual. Las grandes cadenas de televisión norteamericana se pusieron a producir una serie de ciencia ficción visual llamada: «Battlestar Galactica», que se inspiraba en la película de Lucas. Los productores de las serie, invitaron a Isaac Asimov a observar y comentar sobre la serie. Al maestro de la ciencia ficción le pareció que era una copia de «La Guerra de las Galaxias», consideraba que era una serie que le faltaba mucho en el contenido, que no tenía historia, los diálogos era simples y se sostenía en los efectos especiales. Esta crítica no gustó mucho a las grandes cadenas de televisión norteamericanas. Pero no les interesó mucho a los productores. El negocio crecía y gozaba de buena salud.






En los siguientes años, el fenómeno que había iniciado la película de Lucas creció a un ritmo grande. Gracias al interés de los Estudios de Hollywood por este nuevo negocio, Lucas pudo conseguir el financiamiento para las dos películas más de la saga. A inicio de los ochentas estrenó: «El Imperio contraataca» y luego de unos años: «El regreso del Jedi». Ambas películas obtuvieron buenos dividendos. Por otro lado, las series de televisión de ciencia ficción visual gozaban de buena acogida y se contaba varios fans. En los medios norteamericanos se consideraba que se vivía un auge de la ciencia ficción, pero Isaac Asimov estaba en desacuerdo. Consideraba que lo que llamaban: el auge de la ciencia ficción, era parcial, ya que no había contribuido a aumentar el número de lectores de ciencia ficción. Muchos espectadores de ciencia ficción visual nunca habían leído ciencia ficción literaria. En una entrevista, uno de los periodistas le preguntaron a Asimov: «¿Cómo lo afecta a usted el actual auge de la ciencia ficción?». Y el escritor respondió: «En nada y de ninguna manera. El auge de la ciencia ficción al que usted se refiere se da en el cine y en la televisión. Mi ciencia ficción está en las revistas y en los libros. A esta última le va bien, gracias, pero es la primera la que está teniendo su auge, y las dos pertenecen a especies diferentes. Llevan el mismo nombre pero ahí termina su semejanza».


Para Asimov, la ciencia ficción literaria y la ciencia ficción visual son dos especies distintas. En la ciencia ficción literaria, muchas de las novelas y relatos, se basan en la extrapolación, tienen una base científica, social o de otro campo del conocimiento humano. En cambio, en la ciencia ficción visual se nutre de imágenes, sonidos y efectos especiales. En la actualidad es difícil imaginar una película o una serie de ciencia ficción visual sin los efectos especiales generados por computador o por cualquier otra técnica. Por este motivo, Asimov la llamó: «eye-sci-fi (ciencia-ficción-ojo)», o hizo un juego verbal llamándola: «i-sci-fi». Asimov consideraba que los temas científicos quedaban de lado, porque «los que producen «eye-sci-fi» no pueden suponer que su publico sabe algo de ciencia, o que tienen experiencia con la imaginación científica».



Asimov señala que la ciencia ficción visual y a la ciencia ficción literaria se diferencian en el modo de producción. La ciencia ficción visual, al menos la de los Estudios de Hollywood, necesita de fuertes presupuestos. Al productor de «eye-sci-fi» le interesa que la inversión colocada en la película rinda frutos, y sostiene la inversión en los efectos especiales, que por lo general, tienen una buena acogida en la audiencia, de ese modo, minimiza las perdidas. En cambio, la ciencia ficción literaria necesita de un céntimo de ese presupuesto. El escritor de ciencia ficción tiene otros intereses como el lenguaje, el argumento, la motivación y el respeto por la ciencia, y en muchos de los casos, sólidos planteamientos científicos.

Estas dos especies de ciencia ficción tuvieron destinos diferentes. A lo largo de los años, la «eye-sci-fi» siguió convirtiéndose en un negocio lucrativo y obtuvo mayor cantidad de fans. Mientras la ciencia ficción literaria creció a un ritmo lento en el número de lectores. Como dijo el propio Asimov: «Es un público que puede leer, al que le gusta la aventura mezclada con un poco de buen estilo, que respeta a la ciencia aun si no la entretiene como puede hacerlo un profesional».

EL CASO BRADBURY




El 9 de Agosto de 1968, era una mañana agradable en Los Angeles, California. En una oficina del FBI, el Agente Johh S. Temple pulsó la tecla del punto final de la Remington y así concluyó el informe que le habían pedido hacía diez años. Un 8 de Junio de 1959 le habían solicitado que investigara al afamado escritor de ciencia ficción Ray Bradburuy.






El Agente Temple miró las lámparas de la vieja oficina del FBI. Recordó lo que escribió en la sinopsis de su informe: «Ray Bradbury es un escritor de ciencia ficción de literatura, cine y televisión. Vive en 10265 de Cheviot Drive en los Angeles. Es un escritor conocido. Ha publicado en varios periódicos como el Angeles Times y Angeles Mirror News. Es muy critico contra el gobierno de los Estados Unidos. Tuvo una postura en contra del Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC). En 1953 firmó una carta conjunta de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU)». Luego repasó con sus ojos la hipótesis que había tenido que comprobar: Sí Ray Bradbury tenía elementos de simpatía pro-comunista.

Primero, chequeó los archivos policiales. Bradbury fue arrestado en la noche del 24 de diciembre de 1943 pero fue liberado después de comprobar que no había cometido actos delictivos.



Luego, se entrevistó con su informante. Era Martin Berkeley. Era un guionista que cooperaba con el Comité de Actividades Antiestadounidenses y había nombrado a decenas de artistas de Hollywood como comunistas o simpatizantes comunistas. Se citaron en una cafetería de Los Angeles. Martin Berkeley llegó tarde a la cita. Mientras su informante tomaba asiento, miró sus ojos cafés y su nariz recta. Ambos pidieron un café expreso. El Agente le informó de la misión que le habían dado. Martín le señaló que el objetivo general de estos escritores de ciencia ficción era asustar a la gente hasta un estado de parálisis o de incapacidad psicológica similar a la histeria que podría ser posible si los Estados Unidos entraran en una Tercer Guerra Mundial y esto posiblemente afectaría seriamente la moral. Y luego acotó que: «la ciencia ficción puede ser campo lucrativo para la introducción de la ideología comunista». Mientras tomaban la taza de café, el Agente le comentó que había investigado que Bradbury estaba en contra de Mc Carthy. Martin no lo negó y dijo que Bradbury posiblemente tenía simpatías pro-comunistas como podía deducirse de sus intervenciones en la Screen Writers Guild (SWG). Martin tomó el último sorbo de café y dijo enfático que definitivamente muchas de las historias de Bradbury tenían una inclinación contra Estados Unidos. Luego, se despidió de su informante. Le agradó la información que le había proporcionado, porque era un buen punto de partida.



En el transcurso de su investigación leyó con atención las publicaciones de Bradbury y las comparó con Edgar Allan Poe, Saki y Shirley Jackson. Empezó por el libro «Crónicas Marcianas» que fue publicado en 1950. En el libro se hablaba sobre la exploración y el desarrollo en Marte y los efectos en ese planeta. En estos relatos pudo encontrar una conexión. En todas las historias, los terrícolas son saqueadores y no son desarrolladores. La siguiente publicación fue la novela «The Fireman», luego publicado como «Fahrenheit 451», que narra la historia de un bombero encargado de quemar libros. En la historia había una inclinación en contra de la forma capitalista del gobierno estadounidense. Y había que acotar que las 50.000 copias que fueron distribuidas en Rusia, el gobierno ruso las prohibió y las sacó de circulación.


Tres años después de que empezara la investigación.Vio algún indicio de que Bradbury tenía inclinaciones comunistas. En septiembre de 1962, Ray Bradbury, junto con otras celebridades, en un artículo en el New York Times aclaró su postura contra la intervención armada y apeló que los Estados Unidos volvieran a mantener relaciones diplomáticas con Cuba. Pero estos artículos no prosperaron. Se quedaron como una simple queja de un escritor. ¿Podía concluir algo sobre el comportamiento pro-comunista de Bradbury? La verdad que había muy poco.


El Agente Temple movió la perilla del carrete de su Remington, sacó la hoja de la máquina de escribir y la puso junto con las otras 39 páginas del informe. No cabía duda, no había evidencia de que Ray Bradbury había sido miembro del partido comunista ni se tenía evidencia en su contra. Cerró la carpeta del informe y colocó el sello: «SECRETO». Quizás lo único que le había quedado en su cabeza era lo que había escrito Bradbury en algún Boletín que no recordaba su nombre: « la ciencia ficción es el medio para dar alguna luz sobre las falencias de los valores humanos actuales».



*NOTA: Este es un relato basado en los documentos desclasificados del FBI.