El futuro paranoico en un espejo negro




Por Cristián Londoño Proaño


¿Un obra artística contemporánea puede infringir todos los límites? ¿Un planeta con escasez de energía puede mantenerse sólo con las rutinas que consideramos sanas? ¿Qué sucedería si podríamos grabar toda nuestra vida, de modo que podamos revisarla minuto a minuto y no nos gustara algunas imágenes? ¿La realidad es un inmenso reality show?… Estas fueron algunas de las preguntas que me planteé luego de mirar la serie televisiva «Black Mirror». Desde el mismo hecho que una serie de televisión te haga reflexionar sobre tu realidad inmediata, ya traspasa su propia naturaleza de entretenimiento.



«Black Mirror» es una serie británica creada y co-escrita por Charlie Brooker, producida por Zeppotron y dirigida por algunos directores, entre ellos, Brian Welsh, Owen Harris y Brynn Higgins. En una entrevista concedida al periódico británico «The Guardian», el creador de la serie señaló que: «cada episodio tiene un tono diferente, un entorno diferente, incluso una realidad diferente, pero todos son acerca de la forma en que vivimos ahora». Ciertamente, esta serie es atípica. Tiene cierta semejanza, guardando las distancias, a la serie norteamericana «The Twilight Zone», traducida al castellano como «Zona Desconocida», que se popularizó a finales de la década de los cincuenta e inicios de la década de los sesenta, donde, al igual que en Black Mirror, se narraba un cuento audiovisual de una historia de ciencia ficción. «Black Mirrior» toma esta idea y la adopta a las lógicas de un futuro próximo o quizás la descripción de un mundo del multiverso. En «The Twilight Zone» había un presentador que invitaba presenciar la serie y servía como hilo conductor de las historias, en cambio, en «Black Mirror» no tiene hilo conductor. En una entrevista para la revista SFX, Charlie Brooker confesó: «Hubo discusiones. ¿Lo localizamos todo en la misma calle? ¿Tenemos algunos personajes que aparecen en cada episodio, un poco al estilo de Three Colours: Blue/White/Red? Pensamos en tener a un personaje que los presentase, al estilo de Tales from the Crypt, o como Rod Serling, Alfred Hitchcock o Roald Dahl, porque la mayoría de las antologías lo tenían... Pero pensando en ello, nos dimos cuenta que sería un poco raro».


Esta serie británica, que ganara un Premio Emmy Internacional en el 2012, narra un futuro paranoico. En uno de los episodios, «The Entire History», las personas tienen implantes en los ojos, de modo que pueden grabar o revisar todo lo que ven. En el episodio se cuenta la historia de una pareja que tiene problemas de infidelidad. En esta realidad donde los protagonistas son partícipes de su propio «reality», no se puede mentir, no se puede ocultar la verdad. Se mira sin máscaras a las personas. La verdad es cruel. Pero, ¿acaso vale la pena descubrir la verdad que es preferible mantenerla oculta?


En otro episodio, «White Bear», se narra en un mundo alternativo. Un presente pero en otro multiverso. En el episodio, Victoria despierta en su cuarto y no conoce nada, todo es extraño. En un ejercicio de paranoia, asistimos a una mujer sin aparente memoria. Luego, advertimos que Victoria cumple un castigo por un crimen que cometió en parque-carcel y lo repite cíclicamente . Se vuelva a la idea de que la realidad puede ser un reality show, que las personas necesitan personalidades odiadas y adoradas. ¿Cuantas veces la sociedad puede hacer pagar a un criminal por su crimen? ¿Cuantas veces la sociedad puede juzgar un error de una persona? «Black Mirror» plantea que en ese mundo del multiverso, la muerte es un premio inalcanzable. 

Los guiones de la serie tienen un desarrollo parejo pero con ciertas fisuras, que quizás se pudo haber pulido en la etapa de preproducción. La tensión en los episodios es increscendo y enganchan al espectador. Y los finales son nada pomposos, celebérrimos, sin ambages.


Política, entretenimiento, amor, redes sociales, comunicación, son algunas de las temáticas que aborda la serie «Black Mirror». Todas se abordan desde un punto de vista rocoso, irregular. Esto hace que el espectador encuentre en la serie un reto. Precisamente, el reto de «Black Mirror» es plantear dilemas que no se resuelven en la trama y esto genera ansias al espectador. Este mecanismo se produce en cada episodio, donde el espectador vuelve a tener esperanza que los dilemas se resuelvan y no se resuelven, porque los deja al propio espectador.




«Black Mirror» es ciencia ficción, en su más amplia concepción, porque nos sitúa en un mundo conocido pero con cambios sociales, influenciados por la alta tecnología. Se juega sutilmente con la extrapolación. Parecería que los aparatos mostrados en la serie ya fueron diseñados en nuestro tiempo por algún genio chino. Y la serie nos advirtiera de su uso irresponsable.

La serie «Black Mirror» es mordaz, irónica y cruel. Esconde una critica robusta al sistema social, a la mediatización de la vida, a la era Facebook y Twitter. A darnos un tiempo para pensar en lo que estamos viviendo.