La lectura de literatura de ciencia ficción en el aula de clase

Ciencia ficcion





En el presente artículo se abordará cómo la literatura de ciencia ficción puede apoyar en el desarrollo cognitivo de los niños, niñas y jóvenes. Se estudiará el tema a partir de la experiencia personal como escritor de ciencia ficción, lecturas del género y la vinculación con lo estudiado por  Anne E. Cunningham y Keith E. Stanovich.  

 Primero, establezcamos una definición de la literatura de ciencia ficción. La ciencia ficción es un género muy extenso y tiene muchas aristas. Hay varios autores del género que han tratado de definirla, pero en sus definiciones han excluido a uno o otro subgénero. La dificultad de definir el género radica, en primer lugar, que es un género que depende del propio autor. Si el escritor o el lector considera que una obra es ciencia ficción entonces lo es. Esta consideración hace que la definición se vuelva inestable y sin límites claros.  Por otro lado,  el problema de definir la ciencia ficción es complejo. Miquel Barceló señala: «El problema de la definición del género deriva directamente de la inexistencia de límites precisos para la temática y los enfoques que utiliza la ciencia ficción. Sus narraciones pueden transcurrir en el presente, en el pasado o incluso en un tiempo alternativo ajeno a nuestra realidad».

Brian Aldiss
Heliconia

Ante esta posibilidad, tomo como referencia lo que Isaac Asimov, autor destacado del género, considera por definición de ciencia ficción: «La ciencia ficción y la literatura fantástica ( a las que podríamos reunir bajo el nombre de ficción surrealista) tratan de hechos que se desarrollan en contextos sociales que no existen hoy ni han existido en el pasado. En el caso de la ciencia ficción, el fondo surreal de la historia podría derivarse de nuestro propio medio a través de los cambios correspondientes en  el nivel de ciencia y la tecnología».

    Es decir, para Asimov la literatura de ciencia ficción narra una historia que evidencia el posible cambio tecnológico y la percepción en la sociedad. Esto es importante en la ciencia ficción, más allá de que las historias tengan una carga imaginativa. En este sentido, el escritor de ciencia ficción debe imaginar nuevas palabras para tratar de definir el nuevo cambio tecnológico.

Philip Dick
Tiempo desarticulado

Por otro lado, en el artículo  de Anne E. Cunningham y Keith E. Stanovich se menciona sobre que los niños y las niñas que tienen un mayor volumen de lectura van a adquirir un mejor vocabulario y por ende, mejorarán su capacidad cognoscitiva. Anne E. Cunningham y Keith E. Stanovich señalan que: «La mayoría de los teóricos concuerdan en que, en su mayor parte, la adquisición de vocabulario durante la vida de un niño ocurre indirectamente por la exposición al lenguaje más que por la enseñanza directa».

    Esto significa que los niños y niñas tiene oportunidades de ampliar su léxico en la lectura de libros y artículos. Es decir, la palabra escrita es lo que ayuda al desarrollo cognitivo. Pero señalan que los libros de mayor complejidad son los que entregan mejores posibilidades. Además establecen que: «Se argumenta o se da a entender a veces que algunos tipos de palabras presentes en el lenguaje impreso pero que no están representados en el lenguaje oral son palabras innecesarias —jerga innecesaria, palabrería académica, términos elitistas para darse una ventaja social, o palabras usadas para mantener el estatus de quien las dice pero que no sirven para un propósito funcional verdadero. Al observar la distribución de frecuencia de las palabras escritas y las habladas se constata que este argumento es completamente falso».

    Es decir, los niños y niñas necesitan leer un buen volumen de libros y esos libros deben «retar» su inteligencia, para que puedan desarrollar una experticia de convertirse en buenos decodificadores de palabras nuevas, y porque «hay bases para creer que el volumen de lectura facilita el aumento de la capacidad de comprensión».  

Federick Pohl
Pórtico

Consideremos que la literatura de ciencia ficción es una lectura retadora para los niños y niñas por dos puntos básicos. En primer lugar, partamos del hecho que la marca ineludible de los géneros  de la ciencia ficción y la fantasía es la creación de mundos, de realidades alternas.  Por ejemplo, en la  novela “Un mundo devastado” de Brian Aldiss, escritor inglés muy importante en el género, desarrolla su historia en un mundo futurista donde los mares están contaminados por la basura y  los muertos.  Los barcos son dirigidos por robots y sistemas automáticos de navegación que les permiten navegar sin descansar en ningún puerto. Y África es el único continente que sobrevivió a la catástrofe ambiental.  El mundo creado por Aldiss no es nuestro mundo. Es un planeta enfermo y agotado que Aldiss nos transporta en su narración.  Es un mundo diferente que los exploramos en la lectura.

Cristian Londoño Proaño
Los Improductivos

Cuando escribí mi novela corta «Los Improductivos» imaginé una sociedad futura llena de clones humanos e insertos en una sociedad capitalista extrema. Una sociedad donde las leyes son ganar y perder. El ganador es el ser productivo. Mientras el perdedor es el improductivo. Pero la «Sociedad Productiva» no es muy distante a la sociedad contemporánea.   Un mundo en que se realizan negocios bursátiles como en Wall Street, pero los operadores son un ejército de clones que son reemplazados al terminar su existencia útil, productiva. Es decir, una realidad muy cercana y al mismo tiempo lejana que tiene códigos propios.

    En el lector de ciencia ficción, el descubrimiento de un mundo extraño hace que despierte su curiosidad. Muchas veces, la curiosidad domina al miedo que se  puede sentir en un mundo que  resulta apenas familiar. Hay que tomar en cuenta que la curiosidad del mundo extraño en las historias de ciencia ficción tiene su propio mecanismo y genera relaciones placenteras. La curiosidad se deposita en el personaje, que es la conexión que el lector tiene con ese mundo raro y establece una relación empática.

Isaac Asimov

En segundo lugar, establezcamos que la literatura de ciencia ficción  plantea palabras nuevas que hay que inferir o palabras que, al cabo del tiempo, terminan en el habla cotidiana. Por citar un ejemplo, Isaac Asimov en sus novelas inventó la palabra: “robótica”. Esta palabra ingresó al diccionario de la Universidad de Oxford, y el diccionario de la Real Academia de la Lengua (2016) lo define: «Técnica que aplica la informática al diseño y empleo de aparatos que, en sustitución de personas, realizan operaciones o trabajos, por lo general en instalaciones industriales».

    Hay muchas de las expresiones en la literaria de ciencia ficción no pueden ser consideradas como metáforas. Por ejemplo, cuando un autor señala: “el techo se disolvió”, es efectivamente, el techo se disolvió.

Ray Bradbury


El enfrentar a nuevos mundos y palabras nuevas, hacen que la literatura de ciencia ficción puede ser un literatura ideal para que los estudiantes pueden aumentar sus niveles de decodificación y de comprensión.  Es decir,  la literatura de ciencia ficción puede hacer que “los estudiantes estén progresando sólidamente en sus habilidades para reconocer y decodificar palabras”.

    La lectura de literatura de ciencia ficción puede  ser una de las lecturas que se pueden “proporcionar a todos los niños, sin importar sus niveles de logro”, para proporcionales un volumen del lecturas interesantes y de una complejidad mayor.


Bibliografía empleada.

Asimov, Isaac. (1981). Asimov on Science Fiction. Editorial Avon Books, New York (U. S. A).

Barceló, Miguel (2015). Ciencia Ficción: Nueva guía de lectura. Ediciones B, Barcelona (España).

Cunningham, A. E., & Stanovich, K. E. (2007). Los efectos de la lectura en la mente. Estudios públicos, (108), Santiago de Chile (Chile).


*El presente ensayo se presentó en "Fronteras del Conocimiento" en el Doctorado en Comunicación en la Universidad de los Andes, Chile.

El Instinto de la luz




El Blogger invitado
Una crítica de la novela "El Instinto de la Luz"  de la poeta y gestora cultural chilena Mónica Montero. También es directora de la revista literaria "La otra costilla"



Por Mónica Montero


Intriga, mitos, magia se entrelazan  para dar forma a una historia llena de esperanza; no sólo en relación al contexto de la novela sino también en el rescate del idioma andino, las creencias arraigadas a la tierra, los cuentos alrededor de una fogata, donde aparecen esos seres mitológicos que habitan en lo más oscuro del bosque y que,  de un minuto a otro, pueden aparecer para llenarnos de dicha o  de  terribles presagios. 



Todo esto envuelto por una semántica preciosa, bien manejada y expuesta de tal forma que el lector se esmera en entender cada uno de los códigos que este joven escritor nos exhibe dentro del relato. Se hizo necesario recurrir a un diccionario QUECHUA  para entender cada término en su justo contenido. Desde aquí el valor agregado de EL INSTINTO DE LA LUZ, ya que de alguna forma nos obliga a sumergirnos en nuestros ancestros y tal vez recordar esos refranes que los abuelos repetían tras nuestros pasos, cuando recién nos enfrentábamos a un destino de ciudadanos dóciles y olvidadizos.  Cristián Londoño se niega a que olvidemos las raíces que poseemos y que nos poseen, con su novela nos da a beber el delicioso,  o tal vez amargo, zumo de la historia, nos recuerda a  PACHAKAMAK,  al CHUSKO y lo dulce del PANELA. 




El relato es versátil, con un ritmo ascendente, las imágenes son prístinas y llanas,  por eso la lectura de esta novela se vuelve rápida, por su elocuencia, su contenido que mezcla lo mágico y terrenal.



AWI, un joven  de la sierra ecuatoriana lucha contra fuerzas oscuras, una vez habiendo acepado su destino: a muy temprana edad ha sido elegido como el aprendiz del CHAMAN, el VIÑACHISHKA.





Los  recorridos por el bosque, en busca de hierbas medicinales, la humildad del hombre pidiendo disculpas a la planta  y explicándole por qué  tenía que cortarla.  El encuentro con criaturas malignas, la existencia de un indígena que cura a enfermos terminales y lo más importante, el amor fraternal, ese amor que durante el desarrollo de los hechos se mantiene de fondo, y que es finalmente es el sentimiento que mueve a cada  personaje, haciendo notar los valores aprendidos desde la infancia. De alguna forma son esos valores los que dictan el destino del ser humano. 

No queda más que agradecer a Cristián Londoño, por su magnífica obra, y esperar más de esta literatura, más de este PANELA, que nos ayude mantener viva la historia de nuestras tierras.


Las fijaciones de Stanislaw Lem


Por Cristián Londoño Proaño


Stanislaw Lem es un escritor polaco que nació en Leópolis en 1921 y murió en Cracovia en 2006. Es uno de los grandes exponentes de la ciencia ficción. Fue uno de los pocos escritores de habla no inglesa que alcanzó fama en el fandom de la ciencia ficción, poniéndose a la par de nombres como Frederik Pohl, Philip Dick o Ray Bradbury.

Ciencia ficcion

Lo curioso de Stanislaw Lem es que no se consideró un escritor de ciencia ficción. No le interesó las clasificaciones. En una entrevista en la revista «Nurt» en el año de 1972, Stanislaw Lem dijo: «En principio no me interesan los problemas de clasificación como este — ¿qué tipo de escritor soy? Simplemente, igual que ninguno de nosotros a lo largo de su vida se plantea si es mamífero, pertenece al grupo de vertebrados, a tal y tal subclase, del mismo modo hago yo lo que me interesa desde hace mucho tiempo». Y lo que le interesaba era hacer «literatura fantástica», así lo definió. Lem etiquetó a su obra como «literatura de fantasía», para evitar el rigor académico y las limitaciones de los pocos lectores. A pesar de que conocía que la literatura de ciencia ficción y la literatura de fantasía eran consideradas de segundo orden. Además dijo que hablar de división de fantasía y ciencia ficción no cabía. Alguna vez manifestó: «Se trata más bien de echar un vistazo a la totalidad de la creación literaria de hoy y de ver que la llamada literatura de ciencia ficción aún puede abarcar bastante, investigar cuál es su capacidad de carga problemática y artística, qué se puede con este barro –porque sigue siendo barro— modelar». 
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Lem era consciente que la literatura que creó, tenía un vasto universo y había carencias, entre ellas, la falta de estudios teóricos del género y lo que el fandom quería leer. Lem consideraba que la mayor parte del fandom quería obras divertidas, interesantes y ligeras. Por eso propuso una literatura diferente de ciencia ficción. Una literatura interesante y profunda, aunque no siempre divertida. Abordó muchos temas como la nuevas tecnologías, las comunicación, los problemas de la comunicación y planteó algunos elementos que podrían limitar el conocimiento humano. 


Tuvo diferencias, tanto en la temática como en la escritura, con los escritores occidentales del género, que las manifestó abiertamente. Dijo que en los años cincuenta la ciencia ficción norteamericana hablaba de robots, ordenadores, etc. y esto era una manera de escaparse. En la entrevista que concedió a «Nurst» dijo: «Si alguien quiere escribir hoy una novela de ciencia ficción y no quiere actuar de forma escapista, tiene que enfrentarse con los problemas que todavía no se han materializado, pero sobre los cuales todos los especialistas dicen que se acercan». Esto le motivó a que en 1976 declarara que la ciencia ficción estadounidense era de baja calidad. Consideraba que mucha de la ciencia ficción norteamericana evadía muchos problemas y escapaba en otras direcciones. Tras esta declaración fue expulsado de SFWA (Asociación Americana de Escritores de Ciencia-Ficción), que años atrás le había hecho miembro honorario. 

Ciencia Ficcion

Stanislaw Lem es un escritor de ciencia ficción, bastante científico. La ciencia ficción de Stanislaw se alimenta de sus reflexiones de los textos científicos. Èl definió que las ideas de sus narraciones venían como flechazos luminosos. Y que necesitaba escribir varias versiones de una misma historia y quedarse con la versión que más le satisficiera. «Yo no sé configurar estas cosas desde el principio, tengo que escribir una cosa multitud de veces, rechazando diferentes versiones, hasta llegar a una que me satisfaga, o noto que estoy ya cansado de este juego y no voy a sacarle nada más», dijo el autor. En este juego narrativo experimentó con el lenguaje. Por ejemplo, en «Fábulas de robots» y «Ciberíada», juega con la creación de nuevas palabras o coloca palabras que suenan parecido a ciertas palabras que no tienen significado.

Ciencia Ficción

Stanislaw Lem, también, fue un escritor que consideraba que una vez publicada la obra ya no se la podía cambiar. Aunque el escritor quisiera volver a revisar una obra y cambiarla, decía que lo que ya fue escrito debía quedarse de esa manera. «¿Tiene el escritor el derecho a volver a los libros con los que no está contento y reescribirlos? Tengo serias dudas al respecto, no tanto de naturaleza de taller sino moral», aseguró.

Stanislaw Lem escribió varios obras emblemáticas del género, como «Solaris», «Fábulas de robots», «Summa Technologiae» y otras más. Colocó su nombre en la historia de la ciencia ficción con una literatura de calidad y de profundos planteamientos.

Foto: www.culture.pl

Robert Sheckley: el Voltaire de la ciencia ficción







Robert Sheckley fue un escritor norteamericano de ciencia ficción que nació en 1928, junto con escritores como Philip K. Dick y Frederik Pohl formaron parte del apogeo de la ciencia ficción en los años cincuentas en los Estados Unidos. Una década conflictiva donde comienza la Guerra Fría contra la URSS y la carrera armamentística. Los tres escritores hicieron una crítica al consumismo difundido por el «american way of life», por ejemplo, la novela «Mercaderes del Espacio» de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth .

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Robert Sheckley no conoció el éxito fuera del gueto de la ciencia ficción. Kinsley Amis y Bryan Aldiss siempre lo admiraron, incluso Aldiss dijo que era un Votaire o un Swift contemporáneo. Algunas de sus novelas y cuentos tienen una extraordinaria calidad, entre ellas, «Mañana será así». En dicha novela, la Tierra mantiene un planeta prisión donde envía a todos los ciudadanos que considera criminales y ellos deben convivir en una sociedad invertida, donde su principal ley es asesinar. Inclusive, su novela «La séptima víctima» fue adaptada al cine por Elio Petri.
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Su narrativa, «eso que sale de mi ordenador», así definió Sheckley al género de la ciencia ficción, tiene ironía, humor y sátira. El mismo autor, en una entrevista para Luigi Pachi y Roberto Quaglia, comentó sobre su temática: «Escribí lo que vino a mí, el humor y la paradoja, y la sátira, los tres caballeros de mi propio Apocalipsis». Y en una entrevista de 2003 con Locus Magazine, Robert Sheckley dijo: «Muchos de nosotros no queremos ser muy serios acerca de los problemas del mundo. Nuestra vida está ahí para disfrutar, no para ser un disidente eterno, eternamente descontentos con cómo son las cosas y con el estado de la humanidad. Yo estaba tratando de no tomar las cosas demasiado en serio». Cabe destacar que su escritura es entretenida, amena y de apariencia sencilla. En muchas de sus obras se encuentran hallazgo formidables. Siempre le interesó más el contenido de sus cuentos y novelas que la forma.
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En el articulo titulado: «Robert Scheckley: If the Marx Brothers Had Been Writers», Frederick Pohl contó una anécdota de su amistad. Sheckley y Pohl se conocieron cuando Frederik editó la revista «Galaxy» de Nueva York. Pohl ya había leído los cuentos de Sheckley y le gustaba su humor e ironía, por lo que quería publicarlos en su revista. Se puso en contacto con Sheckley y le propuso el trato. Este aceptó y así empezó su amistad. Unos años después, Sheckley se mudó a Nueva York y le invitó a Pohl a una cafetería. En ese sitio, Sheckley le contó que le habían dado un trabajo como editor en la revista «Omni», pero le pasaba una cuestión extraña: no quería editar sino escribir. Pohl le aconsejó que se dedicase a lo que más le gustaba que era escribir. Pero Sheckley le respondió que ya estaba acostumbrándose al dinero, al pago puntual de los gastos. Pohl le dijo: «Si usted tiene que escribir para ser feliz y si mantener el trabajo no va a dejar que lo haga, entonces usted tiene que dejar el trabajo». Luego de esto, se despidieron. Unos meses después, Pohl supo sobre la decisión de Sheckley. Él había dejado el trabajo y se dedicó a escribir.
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Pero esta dualidad siempre la tuvo a lo largo de su vida. El dinero y la escritura. Alguna vez Robert Sheckley escribió para Playboy (en la época en que la revista publicaba buena prosa). En la entrevista de Luigi Pachi y Roberto Quaglia, ellos le preguntaron por qué lo había hecho. Él comentó irónico: «Playboy pagó cerca de diez veces mejor que los mejores mercados de la ciencia-ficción. ¿Necesito decir más?». Esta discrepancia con los mercados contemporáneos de la ciencia ficción norteamericana fueron visibles. Alguna vez comentó: «Me gustaba cuando la ciencia ficción era un campo extraño, cuando no había que pensar en los premios de libros. Cuando se podía básicamente escribir y vender (…) Ahora es muy grande, un poco incómodo para mi pequeña comprensión».

Ciencia Ficcion




Sus últimos años fueron tristes. Terminó escribiendo novelas de ciencia ficción para las franquicias como «Star Trek: Deep Space Nine». Su muerte en el 2005 dejó algo para el mito, que lo reseña Wikipedia: «escribió hasta su último aliento, hasta su último ápice de conciencia, cuando cayó desplomado encima de su máquina de escribir».




Foto: www.openlettersmonthly.com