"Los Vástagos de la mente” o el naufrago y resurrección del espíritu humano



El blogger invitado. Les presento una crítica del libro "Los Vástagos de la mente" del escritor chileno Mario Bustos Ponce



Por Jorge Alberto Collao

Mario Bustos Ponce construye en “Vástagos de la Mente” un relato pausado, sin aspavientos, donde poco a poco un mundo relativamente cercano se nos describe a través de los ojos del protagonista, explorando las vicisitudes de su cotidianidad desadaptada. Porque el motor profundo de esta novela es a todas luces el espíritu humano, esa disconformidad tenue que nos revuelve la mirada a todos nosotros y que nos define en la sociedad que nos toca vivir. Cómo cada cual la resuelve, depende entonces de cada uno. Pero ese nexo de humanidad, es el que hace que Li nos sea tan cercano, como si fuese alguien que recordamos de alguna parte y con quien tal vez nunca fuimos amigos pero que inexorablemente, intuimos que circuló por las aulas del colegio donde estudiamos, o que ocupo alguna oficina en el edificio donde trabajamos. Es aquel que nos cruzamos sin advertirlo en la muchedumbre diaria de la gran ciudad, y al mismo tiempo, somos también nosotros en esta nueva soledad del mundo moderno. 



No extraña entonces que el relato revista estas únicas características. No estamos en presencia de efectismo ni parafernalia, sino de un retrato crudo casi a lo González-Vera para describirnos más bien un periplo interior de sobrevivencia. “Vástagos de la Mente” tiene ese mérito anclado más bien en la psicología de Li –acaso alter ego del autor- que nos propone una particular distopía donde el personaje secundario es el conocimiento. Asi entonces, el conocimiento y su relación con objetivos morales, subvertidos o no, pero también el conocimiento y su feedback en el individuo que lo genera respecto de la sociedad en la que se encuentra inmerso, y como esa dialéctica penetra imperceptiblemente en lo que Frankl denominaba la búsqueda de sentido, o Sisek, el interés. Es eso lo que realmente nos define? Más allá de nuestra memoria, de nuestros recuerdos, nuestras mentiras? Es al mismo tiempo lo que nos redime?. No estamos por cierto ante un dramatismo Orweliano que puede llamarnos a la rebelión, sino a una perspectiva mucho más sutil y contradictoria. El mundo y la civilización han enmendado su rumbo, han tomado las decisiones correctas para rehacer el camino de la humanidad a partir de la pavorosa lección del desastre y la pérdida, pero donde sutilmente es ahora el conocimiento el que ha inclinado la balanza del poder y no como ocurre hoy, con las divisas y el dinero.



Pero el conocimiento es intrínsecamente de una naturaleza muy diferente porque tras el no subyacen modelos de acumulación sino mesianismo. No hay claves entonces como en Orwell o Huxley para levantar juicios precipitados sobre nuestra sociedad actual, sino que lo interesante es reflexionar sobre qué es lo que tenemos hoy, cual es nuestra reserva ultima de moralidad para tomar una decisión respecto del conocimiento, y la fuerza de gravedad que ese conocimiento ejerce sobre la naturaleza humana. Echamos de menos cierto dinamismo y contundencia en el relato que mantiene el tono durante toda la narración. El preguntarse constantemente del personaje está en el equilibrio con ese tono mesurado de antihéroe, a pesar de lo que gravita en el relato aún a pesar del tono soft que se impone página tras página. Así, la trama política –en el sentido genérico- que nos presenta Bustos Ponce en sus “Vástagos de la Mente” nos presenta, aún así, una mirada mucho más benévola que incluso la que tiene Byung-Chul Han de nuestra actual sociedad moderna, en donde “La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Produce nuevas obligaciones” y, en ese sentido, es algo más luminosa pues contiene aún esa fe militante en el ser humano, que se conserva, aun después de la catástrofe más profunda e imaginable, y la torcida manera que parece por fin conjurar todos nuestros demonios. Parece casi naif –para mi gusto- pero aún así, el sabor de la esperanza por muy tenue que parezca, ha sido movilizador de revoluciones durante toda nuestra historia, y podría seguir siéndolo, según estos “Vástagos de la Mente”.