La pasión de la escritura



Por Cristián Londoño Proaño

Este artículo establece varias pautas sobre el arte de escribir historias. Algunas consideraciones en la práctica de la escritura. Recopilo consejos de escritores respetados y otros, parten de mi experiencia propia. Es un texto corto, que no pretende abarcar una temática que muchos autores han escrito libros enteros. Aunque algún sabio personaje dijo que los consejos se leen y luego se los desecha. Lo complemento diciendo que al menos, quedarán en la retina del lector.



Aún mantengo en mi memoria la fuerza con la que escribí mi primera novela de ciencia ficción “Los Improductivos”.  Fue una situación desbocada, en donde las ideas y las palabras emergían de mi cerebro. La idea del relato ya la había pensado hacía muchísimo tiempo. En esa época quería escribir sobre clonación humana y un sistema capitalista extremo. Empecé la historia y no paré hasta terminar. Los meses  que duró la escritura de mi novela se alimentaron  de aquel combustible que se necesita para escribir: pasión. Este ingrediente en la escritura (y en todo arte) es fundamental. Aunque no sea un tema visible a la hora de leer un relato. La pasión impulsa a sentarse todos los días frente al teclado y pulsar las teclas. La pasión es la que te obliga a continuar con la historia. La pasión es la que te da el disfrute cuando escribes. Yo tengo un disfrute muy sensual de la escritura. Durante el recorrido de la escritura siento mucho placer y casi al final, un extasis profundo. Sí, quizás es una locura, pero así la vivo día a día. 


Pero no solo la pasión debe alimentar al escritor. Sino la práctica cotidiana. Muchos escritores mencionan que escriben aunque sea un página diaria. Uno de los escritores más reputados del mundo de la ciencia ficción, Isaac Asimov menciona que: “aprenderá mucho cuando vea que su historia se le está deshaciendo en las manos o que está empezando a formar un todo”. El aprendizaje que tiene el escritor es en la praxis, y lo hace en el día a día cuando se enfrenta con la pantalla en blanco y teclea cada letra para que formen una frase, luego un párrafo y al final, un página. La pasión es la gasolina que alimenta las ganas de seguir en el asunto de apretar teclas, pero la historia se hace en la práctica diaria, en cada sesión escritural. En este punto, vale mencionar, que si el escritor está sumergido en una historia no debe detenerse. Stephen King aconseja que uno debe escribir de corrido toda la historia, sin detenerse. Es decir, dejar que la historia se plasme día a día, sin revisarla. Para conseguirlo, debe no pensar en nada más que no sea la historia, no debe pensar en las cosas cotidianas como el pago de la luz o el agua, que si la historia es comprada por una editorial o que si la historia gustará al público. La historia debe ser el pan de todos los días. Aquí hago una aclaración. Este método de escritura es sólo  una posibilidad. Hay escritores como Saramago que contaba que escribía solo cinco páginas diarias y las revisaba todo el día. En mi icaso particular, soy igual que King, escribo de corrido la historia y paso en una especie de trance durante meses hasta que acabe de terminar la historia. 


Muchos escritores aconsejan que luego de este primer momento de escritura, se debe dejar que la historia repose durante un tiempo. King comenta que se pone a revisar sus correos o a revisar sus otros proyectos. Asimov se dedicaba a escribir artículos de ciencia o de ciencia ficción, y a escribir sus libros de divulgación científica. Pero sólo el escritor sabe el tiempo adecuado que debe dejar reposar el texto. Luego, lo retoma y ahí empieza su trabajo de reescritura. Algunos autores mencionan que es el “real” trabajo de la escritura. La reescritura es el trabajo más duro. Aquí empieza el sudor del escritor. En este etapa debe hacerla con el cerebro despejado y alejado de la pasión. Hemingway solía decir que el escritor necesita un oledor de mierda. Precisamente, eso necesita, un oledor de mierda que detecta las partes brillantes del textos y las que son “una mierda” y merecen ser reescritas.  En esta etapa, el escritor debe revisar que la historia se desarrolle adecuadamente, que los personajes tengan profundidad y verosimilitud, que la historia tenga una gramática y una ortografía adecuada, y por último, que lo que cuente sea exactamente lo que quiere comunicar. Debe revisar que su relato fluya y que tenga los elementos para enganchar al lector. Soy partícipe de que el escritor debe cumplir un principio ético: “El escritor debe mantener al lector atrapado desde la página 1 hasta el final del relato. No lo puede soltar. Si lo suelta pierde”.  En ese punto, el escritor pasa algunas revisiones y versiones de su relato. Quizás, siete o diez versiones. Y cuando cree que está listo el relato, puede mandarle a un lector. King lo llama lector ideal. Este tipo de lector debe ser lo suficientemente honesto para decir si el relato es interesante, atrapa, los personajes son creíbles, etc. Luego, el escritor debe volver a la mesa de trabajo para revisar lo que su lector le ha sugerido cambiar. En este proceso es necesario que el escritor tenga paciencia. Debe darse cuenta que la escritura es un proceso y es muy probable, que en la primer versión no salga una obra maestra. La escritura es un proceso lento, de mucha paciencia y que dura toda una vida.


¿Y cuando el relato está listo?  El escritor debe mandarlo a una revista, o algún sitio especializado o recopilarlo para hacer una colección de relatos y tal vez, apostar por la edición independiente.  ¿Y luego?… El escritor vuelva al primer punto y empieza el proceso de nuevo. 

Precisamente, el escritor escribe. El resto son juegos pirotécnicos.